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Nur Fleish

Hay sol en Berlín. Llega el verano de a poco y siento: ¿fue el invierno real o un delirio? El invierno en Alemania es tan terrible que cuando termina siento que me lo inventé. Voy dos inviernos en Alemania y dos veranos que no estoy en Argentina. Así mido el tiempo ahora: en inviernos que estoy acá y veranos que no estoy alla. Vivir en esta ciudad es como vivir en un loop de luz - oscuridad - luz - oscuridad. Es lo más maníaco depresivo que vi en mi vida: una ciudad entera subiendo y bajando abrupta e inevitablemente a la par del cielo.

En el invierno el cielo desaparece: lo reemplaza una placa de cemento gris oscuro y denso. Me hace sentir que si salgo al balcón, me voy a chocar la cabeza contra un freezer soviético. Luz no hay nunca: se filtra una cosa viscosa que oscurece todo lo que ves, bajándole tonos de vida: todo está un poco muerto. La ciudad, el cielo, los árboles, la gente y vos.

En invierno en Berlín yo me siento un poco muerta. Muchxs se encierran tres días en Berghain a tomar ketamina y bailar techno. Yo lo intenté pero no me sale muy bien. Noto que los demás se divierten pero yo solo tengo ganas de hacerme un caracol e irme corriendo.

No sirvo para estas cosas. Prefiero sentarme frente al ventanal de mi casa y pensar: ¿cuánto saldrá hoy un tostado de jamón y queso en Buenos Aires? Ese pensamiento me hace llorar.

En Berlín no hay tostados, ni luz, ni una inflación de tres dígitos. Eso, a decir verdad, no compensa nada. La gente se va a vivir a otros lados por la inflación, o eso me dicen, pero después vivimos en países con inviernos muertos. ¿Eso cómo te lo pagan? ¿Los meses que estás muerto?

Nadie te avisa, cuando te mudás a este lado del mundo, que vas a ver las cosas con un filtro gris. Yo se los cuento porque después en los diarios salen noticias sobre algún muchacho que vive su vida repartiendo tomates en Alemania y vive bárbaro. Que escriban del gris mortuorio. Que escriban de la ausencia total de hojas durante seis meses. De caminar mirando baldosas para evitar el viento. De esas cosas no te hablan.

El invierno en Berlín, que se está terminando, se siente un poco como escribir ahora este texto: cansado y sin llegar nunca a los caracteres. Es como escribir dormida y cansada en la cama de un día lleno de noche y que no alcancen los caracteres ni para comer. Es el medio de las medias nadas.

Dos inviernos en Berlín. Zwei. Eso es dos en alemán. Mucho más no aprendí: estoy siempre cansada en Berlín.

Pero tengo el pelo mucho más largo y la mente mucho más grande. La mirada bastante más aguda y el corazón menos roto.

Es raro, pero escribiendo recién esto me di cuenta de que es verdad: tengo el corazón menos roto.

Será la falta de luz, estar obligada a pensar, morirme unos meses para rearmar.

No lo sé.

La verdad es que estoy cansada y tengo sueño y no se que estoy diciendo.

Eso me pasa hoy y como no puedo escribir mas, estas son las palabras que me acuerdo en alemán:

Heissen weinschorle bitte entschuldigung antibabypillen durum nur fleisch krankenkasse tur offen kinder kita scharf vielen dank meine liebe verheiratet zusammen getrennt getrennt getrennt getrennt getrennt getrennt getrennt getrennt getrennt

Wir waren zusammen aber jetzt sind wir getrennt.

Y tengo menos roto el corazón.

2023 - Berlin