← back

Las Cajas

Esto es algo que nunca te hubiese contado mientras estabas vivo pero yo siempre supe que ibas a ser el primero en morir. Hoy se lo conté a mamá. Se puso a llorar y me abrazó diciéndome que nada de esto era mi culpa, que Feli y yo no habíamos tenido nada que ver. Ella no me entendió. Más vale que Feli y yo no tuvimos nada que ver. Yo solo estoy diciendo que siempre supe que vos ibas a ser el primero.

No me acuerdo cuándo me di cuenta pero sí cuándo estuve segura segura. Fue el día que fuimos al cine a ver Los Locos Adams. Me gustó porque Morticia le cortaba las cabezas a las rosas y ponía solo los tallos en agua. En la vuelta a casa, yo estaba tirada en el asiento de atrás del Peugeot 504 con los pies apuntando al cielo y la cabeza en el piso. Mamá me retó porque con la punta de las zapatillas marcaba el techo y yo le expliqué que estaba dibujando constelaciones. Vos te reíste y me pediste que dibujara el Pez Austral. Lo empecé a hacer hasta que mamá me gritó que basta, Penélope, que esas cosas no, que el auto no es una hoja. Yo quería que todo el universo fuese una hoja. Vos me miraste por el espejito retrovisor y me aguanté las ganas de llorar. Creo que vos también aunque no sé si fue por lo del pez o porque mamá te estaba mirando con esa cara que pone cuando está todo mal. Aburrida, cerré los ojos hasta ver en el espacio vacío las dos cajas. Pensé, para estar bien segura, como hacía una vez cada tanto, en el nombre de las cuatro personas de nuestra familia y, una a una, fui poniendo cada letra de cada palabra en las cajas.

F E L I P E
1 2 1 2 1 2

La F en la caja uno. La E en la caja dos. La L en la caja uno. La I en la caja dos. La P en la caja uno. La última E en la caja dos.

A salvo.

P E N E L O P E
1 2 1 2 1 2 1 2

A salvo.

I N É S
1 2 1 2

A salvo.

F R A N K
1 2 12 1

En peligro.

Y ese día fue obvio que aunque probase y probase buscando que el resultado cambiara, vos te ibas a morir. Mi método ya había comprobado ser exitoso después de que se murió

I G N A C I O
1 2 12 1 2 1

Yo le avisé a Feli que Ignacio no era un buen nombre para nadie y menos para un bicho tan largo, petiso e indefenso como un perro salchicha, pero él me dijo que Penélope era nombre de vieja y que me callara la boca. Me callé la boca y así fue que seis meses después se murió. Yo estaba sentada en la ventana de mi cuarto cuando Ignacio salió corriendo y lo pisó un camión. Lo vi todo. Me dio lástima porque era un buen perro pero estaba condenado. Sentí que no había hecho lo suficiente como para evitar esa tragedia, que tendría que haber sido más dura con la elección del nombre pero en ese entonces yo no estaba tan segura de las cajas. Además, Feli estaba insoportable diciendo que era su mascota y que yo ya tenía a Carl.

Con vos fue distinto porque cuando nací ya te llamabas Frank y yo no tenía forma de cambiarlo. Después de lo de Ignacio, empecé a decirte Tritón pero nadie más lo hizo y supongo que no funcionó. Así que siempre supe que esto iba a pasar. Lo que no sabía es que iba a ser así y que iba a ser yo la que te iba a encontrar. Al principio me enojé mucho pero ahora pienso que fuiste a mi cuarto porque seguramente vos sabias que yo sabía y capaz eso te hizo creer que yo podía entenderte. Mamá no. Anoche la escuché diciéndole a la abuela que te odiaba por esto. Feli no dice nada. Hoy nos miramos en silencio un rato y se encerró en su cuarto.

Tu velorio no fue lo que hubieses querido. Nadie le avisó a tus amigos del club entonces yo los fui a buscar pero me miraron rarísimo cuando les conté. Solo me siguió Charly y apenas te vio se fue corriendo. No volvió. Yo me quedé todo el rato sentada al lado tuyo y la gente venía y me decía cosas hasta que me puse los auriculares y escuché Elton John todo el tiempo. Te quise poner un auri a vos para que tampoco escucharas a la gente pero la abuela vino corriendo, me dio un jugo de naranja y me dijo que ya no podía tocarte, aunque logré esconder una copia de Una Breve Historia del Tiempo debajo de tus pies cuando nadie nos estaba mirando. Feli se quedó sentado en el jardín solo. Mamá se la pasó moviendo mucho los brazos. Fue todo muy aburrido.

Me da miedo tener este poder así que hoy cuando caminábamos a casa después de tu entierro, decidí que no voy a usarlo más. Cuando termine esta carta y me acueste en la cama para dormir, voy a cerrar los ojos y voy a pensar en las dos cajas. Te prometo que voy a hacer mucha fuerza con el cerebro para prenderlas fuego y me voy a quedar despierta hasta que desaparezcan y todo se llene de humo negro, hasta que ya no pueda imaginarlas por mucho que trate y todas esas cosas que se me ocurren se derritan para siempre. Eso voy a hacer ahora.


2019 - Buenos Aires